Buscando la felicidad perdida, el hombre probó todas las máquinas del
tiempo inventadas por el hombre. Cuando entró en la última inventada, con
tecnología de punta, se entusiasmó. Pensó que la felicidad estaba al alcance de
sus deseos.
El primer paso lo llevó a su último matrimonio, del que se había divorciado, y confirmó que realmente ahí no estaba la felicidad. Luego llegó al matrimonio anterior a éste, a cuya mujer había asesinado para enviudar y casarse con la que luego se divorció. Ahí se le plantó la máquina. El informe en la pantalla del equipo, con letras luminosas y fondo musical melodioso, le indicaba que en esa etapa estaba a dos meses de ser feliz y le daba la opción de aceptar o rechazar. Apretó aceptar y en menos de cinco minutos llegó el Juez.
El primer paso lo llevó a su último matrimonio, del que se había divorciado, y confirmó que realmente ahí no estaba la felicidad. Luego llegó al matrimonio anterior a éste, a cuya mujer había asesinado para enviudar y casarse con la que luego se divorció. Ahí se le plantó la máquina. El informe en la pantalla del equipo, con letras luminosas y fondo musical melodioso, le indicaba que en esa etapa estaba a dos meses de ser feliz y le daba la opción de aceptar o rechazar. Apretó aceptar y en menos de cinco minutos llegó el Juez.
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